Orígenes

En Agosto del 2008 fuimos convocados a formar parte de esta aventura. Una tarde, empezaron a circular en los pasillos de la Universidad Nacional del Centro del Perú, una curiosa convocatoria: “Se invita a todos los estudiantes interesados en el arte y la cultura a formar parte de un grupo. Nota: no es proyección social.” Era Miguel, nuestro primer presidente.

En ese entonces cursábamos los primeros semestres de nuestra universidad, en un clima culturalmente favorable para Huancayo y Junín: la obra de autores como Edgardo Rivera Martínez y Sandro Bossio, y de pintores como Hugo Orellana Bonilla y Josué Sánchez empezaba a ser unánimemente reconocida, además de la presencia de importantes librerías, como la organización de la I Feria del Libro Zona Huancayo, junto a la pujanza de editoriales nuevas, suplementos culturales, recitales de poesía y otros. Pero también estaban los otros, esos creadores, investigadores y artistas que, por uno u otro motivo, no figuraban dentro de la esfera que es la metrópoli  huanca. Ese era público. Para ellos era la lenta, uniforme y sólida construcción de este “Sanatorio”.

¿Por qué Sanatorio?

El nombre hace alusión a una novela poco conocida (pero de inestimable valor) de Carlos Parra del Riego, escritor hoy menos difundido que el otro Parra del Riego, Juan, poeta loado tanto en Huancayo como en Uruguay, la tierra que lo vio morir.

Así, queríamos dar tribuna a esos “otros”, personajes anónimos, de poca difusión, que se movían por nuestra región como esos pacientes del Sanatorio de Carlos Parra: seres que también tenían algo que decirnos.

Así, han pasado casi cinco años desde esos primeros intentos, y hoy reafirmamos lo que en una ocasión, acaso bajo el influjo de algunas bebidas espirituosas, pero con una profunda sinceridad, dijimos: que todos, con la fuerza de la prosa, la pureza de un verso, con los lienzos de la pintura o con en ese “pintar con la luz” que es la fotografía, bajo la otra piel del actor o la actriz, o bajo la profunda indagación científica, que todos tenemos una historia que contar, un sentimiento que exponer, una idea que dejar a la posteridad. Y eso ya es suficiente para que nuestro Sanatorio siga funcionando…

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