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ShapisPor: Fernando Ríos Correa*

Introducción

Desde principio de la década de 1980, varios han sido los autores, entre la sociología y la antropología, que han dedicado párrafos enteros a tratar de dilucidar lo que en realidad es la chicha, como género musical tanto como un entorno cultural. En un primer momento, las estimaciones, de Carlos Iván Degregori (1984), Rodrigo Montoya (1992), Wilfredo Hurtado (1995) o José Matos Mar (1985) por ejemplo, mostraban síntomas de esencializarla y complejizarla a la vez en torno al huayno andino. Entre otras cosas, estos autores peruanos, a los que podemos sumar a José Llórens (1983), entienden a la chicha como un fenómeno andino surgido en las barriadas de Lima posterior a la década de 1950, y dándole a esta, todos en armonía de opinión, una columna vertebral indígena, comunal y, en cierto modo, desligada de muchos procesos propios del armatoste de un gran centro urbano. Casi todos recrean la historia de formación de la música chicha como una adaptación de migrantes rurales a la ciudad de Lima, negando con ello, entre otras cosas, la historia urbana de los espacios no capitalinos. Se cierran las puertas a la discusión de, por ejemplo, el escenario migrante de ciudades como Huancayo, Tarma o Huamanga y se entiende, a pesar de la existencia de varios estudios que hablan de migraciones urbanas en el interior del país1, que la chicha es un fenómeno netamente limeño, o al menos en el contexto.
Lo cierto es que la óptica encierra varios de los fantasmas a los que las ciencias sociales peruanas han intentado escapar desde su institucionalización. A simple vista, si revisamos los estudios de Raúl Romero (2004), el autor entiende que no podemos hablar de modernidad en las porciones urbanas de la sierra del país sin apelar a los recursos simbólicos de su periferia rural. La modernidad y los procesos migratorios, la constitución metropolitana per se, solo es entendida de tal manera en Lima, y si el científico social observa procesos similares en un espacio que no es el capitalino, recurre a un sinnúmero de herramientas que lleven asociar todo aquello a lo rural, o en todo caso, a un tronco andino de larga data. A la antropología y sociología peruana le cuesta aceptar que los procesos de urbanización, con todo su contexto traumático, no es una marca registrada de Lima Metropolitana. Es difícil poder explicar la constitución de asentamientos humanos, migraciones y formación cultural en esos espacios de los andes nacionales sin dejar de asistirse con el uso del simbolismo andino para, en realidad, llenar amplios vacíos causados por la ausencia de trabajo de campo y conocimiento del contexto.
La chicha, que en la ocasión es presentada como la variante de la sierra central de la cumbia peruana, ha sufrido una traumática transformación dentro de los círculos académicos, llegando incluso a ser sostenida con términos como “Cumbia peruana, cumbia andina central, cumbia selvática, tropical andina, cumbia folk, chicha folk o cumbia ahuaynada”, descrito esto por Hurtado (1995), los que jamás fueron utilizados por sus intérpretes de la sierra central, y sí siendo sindicada por tal cantidad de denominaciones por los círculos académicos y los medios de comunicación nacionales que, a pesar de no conocerla, tenían que describirla, ello con increíbles desaciertos aún al sol de hoy.
En el siguiente trabajo, tras seguir la lectura de algunos autores que han tocado el tema en los últimos treinta años, se pretende delimitar lo que en realidad es la chicha como género musical, a la vez que se hacen diversas apreciaciones respecto a la periferia de Huancayo, extendida sobre todo luego de la década de 1960, y que son necesarias para entender el espacio en el que la chicha peruana nació y se formó previo a su acogida en ciudades no serranas como Lima, Trujillo o Ica. Así mismo, se elabora una comparación de contextos urbanos nacionales, para entender y limitar aún más el concepto en cuestión.
El estudio no pretende hacer un exhaustivo recuento de la música chicha, pues ello llevaría al alumno a extenderse innecesariamente en detalles que, en buena cuenta, pueden resultar hasta anecdóticos. Se pretenden responder dos preguntas: ¿qué es la música chicha?, y ¿dónde y cómo se originó la música chicha? Y la bibliografía reunida es tal, que sería una arrogancia imperdonable elaborar el texto sin utilizarla como guía, a pesar de la crítica que el alumno tiene de parte de ella.

*(Estudiante de Antropología, UNMSM)

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