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Por: Marlon Caro Ojeda

El alma pecadora se maravilló al encontrarse rodeada de seres de belleza incomparable. Se recordó iracunda, fraudulenta y traicionera. Imaginó que en el último instante sus pecados habían sido lavados y que ahora estaba limpia, pronta a entrar en el Reino de los Cielos. Se postró ante la más hermosa de las figuras, convencida:

—Gracias, oh Dios…

—Nuestra fealdad es también otra leyenda—contestó el Diablo.

 (2011)

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