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Por: Marlon Caro Ojeda

La ve y decide mantener las telarañas, pero si quisiera fulminaría a la intrusa. Sería fácil, el mismo método con que eliminó a sus hijas. A ella la deja vivir, apiadada de su suerte de alimaña indefensa, relegándola a la esquina más mugrosa de la habitación, aunque hay ocasiones en que antoja recuperar su soledad y se imagina acercándose, cada noche más vívida, al lecho de la intrusa para asestarle la picadura definitiva.

(2011)

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