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Por: Fernando Ríos Correa

La cumbia andina central se mediatiza. La movilidad de los músicos en el Mantaro 

Vico

A mediados de la década de 1970, el movimiento de agrupaciones de cumbia andina central se extiende y define en dos tipos de mercados: por un lado, uno netamente consumidor, en lugares como Tarma, Jauja, La Oroya, Pasco, Pichanaki, Satipo, Oxapampa, Villa Progreso, La Merced, Matucana, Oyón, Cajatambo, Acobamba, Huancavelica, Chaclacayo, Chosica y gran parte del este de la ciudad de Lima; y por otro lado, un mercado que, además de consumir, produce cumbia andina central central, aquí debemos tener en consideración, sobre todo, a las ciudades de Tarma, Jauja, Chaclacayo, Huánuco, Pasco, La Oroya y diversos barrios de Santa Clara, Ñaña y Ate Vitarte, en el este de la ciudad de Lima.

Para finales de la década de 1970, Huancayo se convierte en la ciudad clave desde la que se despachan grupos musicales para la mayoría de urbes comentadas antes. Y aún más que ello, Huancayo comienza a formar parte de una movilización de músicos chicheros como Julio Simeon, huancaíno afincado en Lima que retorna para lanzar su banda “Los Shapis”, y Vico, limeño que, al retirarse del mundo de la cumbia costeña, decide migrar a Huancayo para conformar “Karicia”. Sobre aquello cuenta Vico “Al año nomás (1981), Los Shapis viajan a Lima. Como es pueblo chico y todos se conocen, me cochineaban. Me decían que yo tenía más de ocho años en Huancayo, era de Lima y todavía no tocaba en la capital. (…) Los Shapis eran un boom en Lima y habían llegado gracias a la hermandad de la Vírgen de la Asunción de Huarochirí. (…) Un año no pudieron contratar a Los Shapis porque tenía mucho trabajo, y como querían a otro grupo de Huancayo, me ubicaron. (…) Por coincidencia, habíamos grabado un LP para el sello Gloria de Huancayo”. (Laura: 2010, p. 277).

Del anterior testimonio, podemos mostrar relevantes dos puntos: por un lado, a pesar de que Lima era considerada una meta para los músicos de cumbia andina central, no era esta la ciudad por la que uno debía empezar a ganar mercado, Lima era el fin, pero Huancayo la partida y el medio. Por otra parte, es importante notar que a principios de la década de 1980, en Huancayo ya existía una industria fonográfica, quizás incipiente, pero que lograba cubrir, con la grabación de casetes y vinilos, un mercado que no era atendido por disqueras como VirreY [1] o INFOPESA [2], y que tampoco era cubierto por disqueras dedicadas casi exclusivamente a la música chicha como Horóscopo, por resultar inviables por los costos que acarreaba producir un disco de vinilo con el nombre del sello.

El término chicha y su generalización

A partir de las oleadas migratorias a la ciudad de Lima de mitad del S XX, surge un nuevo otro que ya no es el bajopontino “criollo”, descrito así por su viveza, poca honestidad o nula predisposición al trabajo. El discurso oficial tenía frente a sí otro que no encajaba ya en la descripción del criollo, pues además era considerado como desaseado, desordenado y estridente para las conservadoras formas limeñas. Se le dijo “serrano”, pero serrano no alcanzaba para representar a un grupo que no solo provenía de los andes, sino también de otras porciones costeñas, e incluso la selva. Por muchos años, el vacío se mantuvo a falta de propuestas, y por ello no es de extrañar que la aparición del término “chicha”[3] para describir a la variante de cumbia de la sierra central, sirva como denominación para describir cualquier producción cultural de la periferia que escapaba al orden de la Lima residencial y tradicional, y los científicos sociales, en gran medida, replicaron aquél discurso hegemónico, y lo llevaron al plano académico describiendo con ello una serie de premisas como el hecho de considerar que tanto Los Destellos del Rímac, como Juaneco y su Combo de Pucallpa eran música chicha. Era evidente que varios de los investigadores del momento no conocían en realidad el alcance del término, pero era totalmente negligente de su parte reducir los conceptos de una manera tan grave que, si hiciéramos un símil, sería parecido a agrupar bajo la etiqueta de huayno a la muliza, el pum pin, el carnaval o la huaconada, algo, sin duda, grave para las explicaciones dentro de la etnomusicología peruana, pero que goza de pleno reconocimiento del auditorio, por sintonizar adecuadamente con lo descrito por los medios de comunicación masivos.

[1]  Virrey y Sono Radio, desde la década de 1960, habían grabado un sinnúmero de discos de bandas show y orquestas típicas del Mantaro, así como una cantidad nada despreciable de discos de cumbia costeña, pero a ningún músico de cumbia andina central se le hubiera ocurrido siquiera pensar en esa disquera para presentar sus proyectos, pues esta no se hubiera tomado la molestia de atenderlo por considerarlo, en buena cuenta, lumpen. Esto nos puede ayudar a reforzar la idea de que la chicha no guarda mayor conexión, más allá de compartir el contexto geográfico, con los demás movimientos musicales modernos del Mantaro.

[2]  INFOPESA jamás editó discos relacionados a chicha, salvo los ya exitosos en Lima, pero aprovechó, sin embargo, la mediatización del término para editar varios compilados titulados “Pura chicha”, en los que no participaba ninguna agrupación ligada, realmente, a la música chicha. De la confusión de los términos y su empleo mediático, se hablará líneas adelante.  

[3] Para no extender aún más los objetivos del texto, he decidido no trabajar el tópico del origen del término, pues considero, además, que de aquello ya se ha ocupado en sendas notas autores como Hurtado. 

ESPECIAL: La chicha no es limeña (III) ESPECIAL: La chicha no es limeña (II) ESPECIAL: La chicha no es limeña (I)

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