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ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE HUANCAYO, A PROPÓSITO DEL LXXXII ANIVERSARIO DEL TRASLADO DE LA CAPITAL DEL DEPARTAMENTO DE JUNÍN, DE CERRO DE PASCO A HUANCAYO (Discurso pronunciado en la Sesión Solemne del día 15 de enero de 2013 en la Sala Consistorial Saúl Muñoz Menacho de la Municipalidad Provincial de Huancayo).

Manuel F. Perales Munguía (*)

Catedral de Huancayo

Foto: MPH

“Señor Alcalde de la Municipalidad Provincial de Huancayo, Lic. Dimas Aliaga Castro, Señor Viceministro de Interculturalidad, Dr. Ivan Lanegra Quispe, distinguidas autoridades y personalidades que nos honran con su presencia;
Agradezco la deferencia al permitirme pronunciar el presente Discurso de Orden en una fecha tan importante para la historia de nuestra ciudad y la región central del país. Conmemorar el traslado de la capital del departamento de Junín de Cerro de Pasco a Huancayo debería, según mi modesto parecer, constituir una ocasión apropiada para la reflexión crítica acerca de la trayectoria que han seguido los pueblos del centro del Perú, en especial de Junín, considerando un análisis riguroso de las importantes transformaciones estructurales que dichos pueblos han atravesado y que han dado lugar a su particular configuración sociopolítica, económica y cultural en la actualidad; todo ello con la intención final de repensar el rumbo que queremos seguir en pos de un mañana mejor.
Si bien tareas como las que acabo de mencionar suelen dejarse en la agenda de los académicos, resultaría indiscutiblemente provechoso que todos pudiéramos echar mano de las contribuciones y hallazgos de representantes importantes de nuestras ciencias sociales, como José María Arguedas, Nelson Manrique o Giorgio Alberti, sin olvidar, por supuesto, a referentes de nuestra intelectualidad regional como Oscar Chávez, Edgardo Rivera Martínez, Nicolás Matayoshi, entre otros. Gracias a ellos hay mucho sobre lo que podemos discutir, sin embargo, en estos minutos habré de sintetizar de manera breve el proceso que condujo a la emergencia de Huancayo en el siglo XX, y presentar algunas ideas complementarias que he venido desarrollando como parte de mi quehacer en la cátedra universitaria.
En primera instancia debemos contextualizar el acontecimiento histórico que estamos conmemorando el día de hoy. Según Manrique, luego de las guerras por la independencia nacional, la economía regional en el centro del país, sustentada en la agricultura, la ganadería y la minería, en este caso principalmente de Cerro de Pasco, había quedado arruinada a consecuencia de los cupos y exacciones de parte de los ejércitos patriota y realista. Poco después se experimentó una lenta recuperación, alternada con los efectos del caudillismo militar de la primera mitad del siglo XIX, donde la participación de la población campesina, de raíz indígena, resultó fundamental para proyectos políticos como los liderados por Ramón Castilla. En palabras de Alberti y Sánchez, estos hechos propiciaron una apertura político-administrativa en la parte sur del valle del Mantaro, expresada en la creación de nuevos distritos y, además, en la elevación de Huancayo a la categoría de capital provincial en el año de 1864, rompiéndose de ese modo la hegemonía política que había mantenido la ciudad de Jauja hasta ese momento.
Entonces, en años previos a la guerra que enfrentó a Perú contra Chile, el panorama en la sierra central peruana se caracterizó por ejes económicos establecidos en torno a la minería de Cerro de Pasco, en cuyo desarrollo, sin embargo, era fundamental la participación de la mano de obra indígena procedente del valle del Mantaro. Además, la escisión de la antigua provincia de Jauja había creado condiciones favorables para la conformación de nuevos grupos de poder en Huancayo, cuya economía giraba alrededor del comercio, en lo que Alberto Chavarría, siguiendo a Nelson Manrique, ha denominado una suerte de “capitalismo rudimentario”.
La guerra contra Chile alteró drásticamente el curso de nuestra historia, principalmente debido a un nuevo desmantelamiento de la economía regional, que afectó principalmente, como indicara Adolfo Bravo, a la elite jaujina de aquellos años. Esto trajo como consecuencia una recomposición de la estructura social de Jauja en la cual las viejas familias notables de dicha ciudad tuvieron que compartir el poder con una nueva elite emergente conformada principalmente por comerciantes, situación que luego, a principios del siglo XX, se complejizó con la llegada de grupos oligárquicos limeños para la constitución de empresas ganaderas con alto nivel de tecnificación. En este contexto, los integrantes de las tradicionales familias jaujinas de elite comenzaron a emigrar hacia Lima, en tanto que Huancayo experimentaba un incremento de la actividad comercial a manos de los vecinos notables aquí establecidos, y que fue estimulada con la llegada del ferrocarril en 1908.
Finalmente, la década de 1920 representó otro momento importante en el proceso descrito, puesto que la construcción de la carretera entre Lima y Huancayo estimuló aún más la actividad comercial de nuestra ciudad durante el régimen de Leguía, cuyo bastión principal en el valle del Mantaro se había establecido en Jauja. En este contexto, la crisis financiera de 1929 golpeó drásticamente a los grupos oligárquicos afincados en dicha ciudad, cuya situación se vio aún más complicada cuando Sánchez Cerro llegó al poder, quien optó por Huancayo como la nueva capital del departamento de Junín en el año de 1931, sellándose, así, su consolidación como la principal urbe del centro del país.
De la ajustada reseña histórica que acabo de presentar podemos extraer algunas reflexiones importantes. Debo comenzar señalando que en nuestra historia regional el aporte de los pueblos comúnmente denominados indígenas fue crucial. Lejos de ser las masas bárbaras y retrasadas que creían pensadores como Alejandro O. Deustúa, su papel en la construcción de nuestro país queda demostrado con su capacidad para transformar las bases estructurales de la sociedad que existía en el valle del Mantaro, desde el momento de la independencia de nuestro país, hasta el presente. Como es sabido, el propio Arguedas quedó maravillado con esta realidad, a tal punto de considerar, a mediados del siglo XX, que Huancayo representaba un caso singular de integración cultural, sobre el cual seguramente pudo construir el hermoso sueño de “vivir feliz todas las patrias”.
De otro lado, el estatus que hoy tiene Huancayo, lleva a sus habitantes a estar en una situación expectante en términos de mejores condiciones de vida. Esto implica un reto grande para aquellos que tienen la responsabilidad y el privilegio de llevar las riendas de su destino. En este sentido, Huancayo fue, y sigue siendo, el escenario en el cual convergen los sueños y las aspiraciones de muchos peruanos y peruanas, tal como observara décadas atrás alguien con gran sensibilidad como Arguedas. Todo ese gran conjunto de experiencias de vida han dado lugar a expresiones culturales riquísimas y diversas, no sólo en la propia ciudad, sino en todo su ámbito de influencia. Tales expresiones van desde el huaylarsh y los mates burilados hasta la Nueva Ola y la música chicha, de la mano con procesos muy dinámicos y complejos de re-significación social, re-apropiación cultural y re-invención identitaria, como se han percatado investigadores como Raúl Romero y Zoila Mendoza. Aquí nuevamente me veo en la obligación de recurrir al legado arguediano y aventurarme en señalar que Huancayo y el valle del Mantaro tienen las condiciones para convertirse en el crisol de una alternativa de peruanidad afincada en el corazón de los Andes, más inclusiva, construida sobre las bases del diálogo intercultural. Considero que estamos todos en la obligación de actuar a la altura de la responsabilidad histórica que ello implica. Muchas gracias.”

 (*) Manuel F. Perales Munguía, Arqueólogo.

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