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Por: Eusebio Valdivia R.*

Salvador Dalí: Enigma

Salvador Dalí: Enigma

Introducción

La decadencia de la ideología como tema (entendida como un artificio tan eficaz que parecía natural dentro de las formas de la vida social) ha sido el resultado de sus numerosas críticas. Una de las razones de su impopularidad, hoy en día, es que su sola afirmación apunta a una capacidad predictiva sobre los hechos sociales e imposibilita el desarrollo de la práctica[1] social. Desde su enunciación como: La falsa conciencia, el espíritu de las formas o como aquella cuestión que daba sentido a diferentes situaciones, seres, pensamientos y cosas, la ideología ha sido forzada a una autoejecución por su incapacidad para responder: ¿cómo un grupo particular de ideas ha llegado a dominar todo un bloque histórico? Ante esto, se diría que el empleo de este concepto, en la actualidad, estaría designado al fracaso. No obstante, el rescate de este término, en obras recientes (Zizek, Terry Eagleton, Canclini,etc.) incita a preguntar si es que su empleo es válido aún. En cuestiones simples como: irnos a una fiesta un fin de semana; el comprar algún determinado tipo de ropa; o, también, el hecho de que para algunas personas, el uso normal de sus costumbres les impide cruzar las veredas sin antes inspeccionar dentro de los bolsillos de cualquier cabina telefónica que se encuentra al paso, nos hace pensar en la posibilidad de una coartada de tipo ideológico en la vida cotidiana. En este sentido, el objetivo principal de este texto es extender el conocimiento que se tiene del término ideología. Se trata de distinguir y delimitar, de manera breve, la forma de la ideología (como práctica creadora de sujetos) y la ideología en sus formas (tanto en el plano simbólico como económico); y de buscar el fundamento contingente de su eficacia. El asunto se limitará a un análisis social de la ideología y no a su carácter político, ni filosófico. Por último, es importante reconocer que la ideología es posible mediante una correspondencia con campo económico y simbólico, en el cual se ejecuta. Antes de examinar estos temas, conviene que se indique rápidamente el curso general de este escrito. Cuatro puntos integran este trabajo: El primero se refiere al problema que significó la noción de ideología como “falsa conciencia”. El segundo, lo que se desprende cuando decimos ideología y cuál es su relación con el campo económico. El tercero, en relación con el punto anterior, cómo se articula estos conceptos con el plano simbólico. Y, por último, se responde cómo se internaliza la ideología en los individuos.

El problema de la “falsa conciencia”

El concepto de “falsa conciencia” ha sido una de las primeras formas que abordó el problema de la ideología, y a su vez se ha convirtió en uno de las más controversiales. Esta teoría planteaba que cada sistema ideológico impone su propio esquema de ilusiones -cargados de todas las incongruencias y errores, que la crítica se ha esforzado en significar – los cuales eran transmitidos a las personas como una representación del mundo real, pero disimulada de tal manera, que no fueran fáciles de reconocer y, así, evitar su posible rechazo.

El rastro visible que ha dejado la crítica de este concepto no es de fácil y breve enumeración. Sin embargo, se ha tratado de referir, aquí, tres de las principales causas de la deserción que hoy en día produce el empleo de “la falsa conciencia”: el primer problema es que la validez teórica (marxista) que sustentaba dichos argumentos, han sido rechazados en la actualidad. Esto se debe, en parte, a que la propuesta teórica marxista, que explicaba el proceso ideológico, radicalizaba su posición en cuanto a la falsedad del mundo y negaba la existencia de algún carácter verdadero: todo era considerado ideología. Segundo, su uso afirmaba relaciones de poder que justificaban una segmentación jerarquizada de la sociedad: un grupo A se autodispensaba de los problemas que la ideología imponía, mientras que reprochaba al grupo B su apego por la fantasía y lo irreal. Lo peculiar de este caso, se encuentra en el espacio social que estos grupos detentaban. Al hablar de jerarquías sociales, las relaciones de poder se miraban de arriba-abajo; en pocas palabras, existía un grupo dominante y uno dominado. Mientras que al hablar de ideología las relaciones de poder cambiaban de abajo-arriba: el grupo dominante (clase burguesa) estaba enajenado de su condición humana y era proclive a contaminar al resto. Esto se podría entender como la utilización del término ideología para contrarrestar una situación de dominación; la ideología como un instrumento político en lugar de una teoría social. Tercero y último – y tal vez el más importante – es que la jerarquía elitista que propone la utilización de “falsa conciencia” no encaja en el sistema democrático actual. En palabra de W. Kornhauser : “(…) la democracia comporta una restricción sobre la autonomía de las elites, particularmente en política”. Esta afirmación nos daría paso a un debate del cual no será objeto este texto, pero que es importante mencionar. La ideología divide la sociedad entre ideologizados y no ideologizados, entre grupos que se subordinan entre grupos, en donde uno posee la verdad y otros no, cuestión que es imposible de desarrollar en nuestro sistema de democracia actual. Estas declaraciones insinúan la existencia de un trasfondo político en estas críticas y, por ende, la desconfianza a su validez teórica. En conjunto, el éxito de estas críticas ha sido grande. Instada por sus más feroces detractores, el concepto de ideología se ha visto obligado a reformular su base teórica y a dejar sus antiguos postulados.

Dalí: El nacimiento de los deseos líquidos

Dalí: El nacimiento de los deseos líquidos

Entonces, ¿qué es ideología?

La propuesta de Aparatos Ideológicos del Estado -expuesta por Althusser– actualiza la teoría clásica marxista. En ella se reconoce dos instrumentos de dominación que utiliza la maquinaria estatal para ejercer su hegemonía: los Aparatos Represivos del Estado (A.R.E.) y los Aparatos Ideológicos del Estado (A.I.E.). Los primeros funcionan a través de distintas instituciones especializadas como del gobierno, de administración, policial, tribunales y prisión. En los segundos, encontramos instituciones tales como la religión, la escuela, la familia, lo jurídico, lo político, etc.

En ambos casos, la clase dominante puede hacer uso de estos aparatos como instrumentos de dominio. Este doble manejo puede inducirnos a pensar en algún parecido entre los dos; pero ya comprobaremos que no hay tal cosa. Mientras que el primero (A.R.E.) puede actuar solo en el espacio público, los aparatos ideológicos actúan tanto en lo público como en lo privado. Los dos se ejecutan de forma consecutiva. Los A.R.E. preparan el espacio y determinan todo para el funcionamiento de los aparatos ideológicos. No obstante, la diferencia sustancial entre ambos se encuentra en que los A.R.E. funcionan solo a través de la violencia; los A.I.E., mediante la ideología. Este último punto nos faculta la posibilidad de resumir la diferencia entre la versión clásica y la Althuseriana. La versión clásica de los estudios ideológicos expone al Estado como un sistema represivo que permite a la clase dominante ejercer su dominación sobre la clase obrera. Así, la clase hegemónica impone su versión distorsionada de la realidad (su propia ideología). La propuesta de A.I.E. desarrolla la ideología como una práctica productora de sujetos, designa una forma o estructura, en donde ninguno de los elementos que los constituyen, son exclusivos de este sistema; sin embargo, el tipo relaciones que se establece entre sujetos sí lo es. Los A.I.E. sintetizan el asunto en dos operaciones consecutivas: “La ideología convierte a los individuos en sujetos por medio de la interpelación”. Los individuos son interpelados por la ideología y convertidos en sujetos: en parte de un grupo. En los ejemplos de la introducción (“irnos a una fiesta un fin de semana”; “comprar algún determinado tipo de ropa”, etc.), la ideología se vería presente si los individuos que participan de estos casos se sienten parte de un grupo por realizar dicha acción. En pocas palabras, si “ir a una fiesta” o “comprar un determinado tipo ropa” incita al individuo a pensar dos cosas: que se diferencia del resto (digamos un grupo b) y que pertenece a un grupo diferente, por ejecutar dicha acción; entonces, el individuo se ha vuelto un sujeto parte de un conjunto de ideas estructuradas. Ahora bien, surge la pregunta: ¿cuál es la diferencia entre este tipo de ideología con la tesis de la falsa conciencia? ¿Al convertirse un individuo en sujeto, evidencia un juego de relaciones de poder? ¿De qué manera el individuo es interpelado por la ideología? Los aparatos ideológicos se diferencian de la falsa conciencia por su rechazo a la radicalización del concepto; se considera imposible que todo pueda ser ideología. Asimismo, ofrece un espacio para el desarrollo de la práctica social, considera la existencia de individuos; y exhorta acciones particulares fuera de la estructura de los sujetos. En los ejemplos anteriores, se nombra a individuos particulares, que si bien sus acciones pueden estar clasificadas como actos ideológicos, estos tienen la posibilidad de actuar de manera genuina y sin ningún tipo de inspiración forzada (hasta el momento que son confinados por la ideología a formar parte de un grupo de sujetos). Lo que aquí se objeta es el criterio de clasificación de la acción. La ejecución de un tipo de acción determinada (pongamos el ejemplo de ir un sábado a una fiesta) no significa la representación total de un acto ideológico, sino simplemente puede encarnar la manera individual y práctica de comportarse, que a su vez, pude coincidir con una forma ideológica de un conjunto ya estructurado de ideas, pero que no necesariamente se refiere a esta. En cuanto al poder, se vuelve axiomático las relaciones de poder que surgen de la ideología, al proyectar a un individuo como sujeto. Los roles jerárquicos que sustentan un grupo, se vuelve la garante más importante de su diferencia con otro. Las relaciones de poder actúan como una forma de “santificación” sobre el grupo ideológico. Aunque guardando cierta diferencia con los rituales de santidad, el orden de postulados ideológicos, que es establecido por un ente desconocido – y de la cual los sujetos nunca tomaron parte -induce a los sujetos a una convicción por la cual “las opiniones dogmáticas de otros grupos”, se perciben como incorrectas, inmorales e incluso antinaturales. Por otra parte, la interpelación ideológica es un tema de total importancia para el desarrollo de la ideología, pero también de poca elaboración teórica. El proceso de interpelación exige a los sujetos la declaración de ciertos postulados ideológicos fundamentales que van de acuerdo con las acciones que realizan. Un individuo se vuelve sujeto cuando comienza a expresar ciertos postulados que le son característicos a cierto grupo ideológico; el individuo comienza a identificarse con un grupo hasta que acepta todo el fundamento ideológico que lo interroga. De esta manera, la interpelación ideológica cumple su fin; hostiga de tal manera al individuo, que a este no le queda otra salida más que corear los postulados ideológicos a los que ha sido expuesto. Pero, ¿de qué manera asedia la “interpelación”? ¿de qué medios se vale para interrogar a un individuo? Este punto es tocado brevemente por la teoría de los aparatos ideológicos, pero aun así no se le resta importancia. Lo que aquí se plantea –con el serio riesgo de caer en un error- es aprovechar la noción de “utilidad” -la manera por la cual las cosas consiguen importancia por ser favorable para la vida del hombre- para darle respuesta a los problemas que sugiere el término de interpelación. En pocas palabras, lo que se afirma en este texto es: “la interpelación” actúa por medio de la utilidad que ostenta las formas ideológicas.

Slavoj Zizek

Slavoj Zizek

“(…) En la vida cotidiana, la ideología se manifiesta especialmente en la referencia, aparentemente inocente, a la utilidad pura (…) alguien que vive en la gran ciudad y maneja un vehículo de doble tracción (…) tiene ese vehículo para mostrar que su vida se rige por una actitud práctica y sensata (…)” Žižek, Slavoj. [1999] 2009

Si bien este extracto está destinado para otro tipo de abordaje teórico (describir la forma material de la ideología) no impide su utilización para examinar otras formas. La ideología, entonces, no se presenta como tal, sino bajo un gesto agradable, de fácil uso y de una simpleza figurada. Esta afirmación autoriza aseverar que el proceso de “interpelación” no tiene motivos para presentarse como un acoso violento; todo lo contrario, se exhibe de manera sutil, como una forma de vida sensata que resulta difícil de rechazar; no hay la necesidad de interrogar de forma directa a los individuos, basta con mostrar la utilidad que ofrece y de articularla de tal manera que su rechazo pareciera solo reservada para los tontos.

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* Estudiante de Pre-grado en Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

[1] Bourdieu, Pierre. [1980] 2007. (…) A partir de las posiciones elevadas de la estructura social desde las cuales el mundo social se da como representación (…) las prácticas no son otra cosa que papeles teatrales, ejecuciones de partituras o aplicaciones de planes (pág. 85)

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