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Por: Eusebio Valdivia R.

S. Dalí: Transformándose en un libro

La formación del consentimiento
La ideología concede significados a los sentimientos y percepciones de los actores sociales; configura las tensiones y los problemas en una sociedad. Las personas que participan de esta configuración ideología no definen los actos que le son asignados y las expresiones que se usan: siguen un orden establecido por otros. Los sucesos sociales no reflejan simplemente un consenso logrado; por el contrario, reproducen definiciones y situaciones de una estructura ya existente. La ideología, a su vez, es parte de la producción social y la producción social es parte de la ideología.
Para que exista una configuración estructurada de la ideológica se necesita, también, de un proceso de formación de consentimiento por parte de actores sociales. Esto conlleva a la pregunta: ¿cómo se definen los postulados ideológicos y cómo se da consentimiento? Estas dos cuestiones nos inducen a postular dos reflexiones diferentes, pero que son consecutivas entre sí.
Definir una realidad ideológica es una operación distinta a lo que se entiende por delimitar; implica un trabajo activo, en el cual el fin es seleccionar y demostrar, organizar y moldear. No es sencillamente la transmisión de un significado ya existente, sino es la expresión más activa de hacer que las cosas signifiquen. Los sujetos no tienen una labor primordial en la “definición” ideológica, simplemente son fantoches de ella.

(…)es el intento de las ideologías de dar sentido a situaciones sociales incompresibles, de interpretarlas de manera que sea posible obrar con significación dentro de ellas, lo que explica la naturaleza de alto grado figurada y la intensidad con que, una vez aceptada, se le sostiene.
Geertz, Clifford. [1992] 2003 (pág. 192)

Para Althusser, las instituciones educativas son el lugar en donde se da la producción de significados ideológicos y, también, donde los sujetos internalizan estos postulados. En esta institución (educativa) no solo reproduce, sino, además, define las realidades básicas del mundo social, sean estas de carácter económico, político o cultural. Los colegios y escuelas preservan e introducen, selectivamente, las definiciones de la realidad ideológica imperante en los sujetos. Asimismo, Althusser, aclara que las instituciones educativas tienen un carácter hegemónico con respecto a las demás, ya que ninguna tiene la libertad de obligar a las personas a permanecer cinco de los siete días de la semana y ocho de las dieciocho horas útiles del día. Lo paradójico de este caso es que hay un consentimiento social a pesar de existir una obligación.
A todo esto, se afirma la dificultad de definir la ideología como un mero reflejo de la realidad existente en nuestras mentes por tratarse de todo un aparato complejo que actúa con el apoyo con otros sistemas, pero nunca perdiendo su autonomía figurada. Un análisis ideológico es inseparable de todos los elementos con los que confluye (lo económico, político, y lo simbólico). Pero una cosa es decir que, en la práctica, la ideología, lo económico, lo político y lo simbólico son inseparables, y otra cosa es decir que analíticamente son indistinguibles.
Por último, es necesario reconocer que esta idea de la educación como el lugar donde se reproduce la ideología limita a un solo espacio de experimentación; en todo caso, el A.I.E. de la educación es uno de los más importantes.

Producto de la historia, el Habitus origina prácticas, individuales y colectivas, y por ende historia (…) es el Habitus el que asegura la presencia activa de las experiencias pasadas, que, registradas en cada organismo bajo la forma de esquemas de percepción, de pensamiento y de acción, tienden, con más seguridad que todas las reglas formales y todas las normas explicitas, a garantizar la conformidad de las prácticas y su constancia a través del tiempo.
(Bourdieu, Pierre. [1980]. pág. 88)

Es importante observar que una de las concepciones que complementa lo que se ha definido como ideología es el concepto de habitus. El concepto habitus, que permite la construcción de prácticas en donde participen individuos y sujetos; asegura la reproducción de un determinado grupo de ideas, bajo el manto forzoso de la práctica y, también, perpetra un conjunto de pensamientos a través del tiempo. Finalmente, hace que la ejecución de la vida social dependa del balance de fuerza de una coyuntura histórica particular; así, los sujetos se ven sometidos por un grupo de ideas que se efectúa en ellos de manera diacrónica.

Epílogo
Al presentarse como la falsa conciencia o una distorsión mal intencionada del mundo real, la ideología despertó el interés natural de la crítica, la cual no tardó mucho en desarticular las bases de la teoría ideológica clásica. Esta, por lo demás, nunca gozó de un lugar privilegiado en el registro de las grandes teorías sociales; en su paso por los postulados clásicos, no tuvo una adecuada circunscripción teórica. Por otra parte, su carácter diferenciador la aleja bastante de las propuestas políticas de nuestra época.
Los Aparatos Ideológicos del Estado – propuesto por Althusser – , nos permiten pensar la ideología no solo como una forma de percibir la realidad, sino como una práctica productora de sujetos que deja lugar para la realización individual del mundo. El pensamiento particular y el pensamiento científico, en particular, se alejan de la ideología: sin ejecución colectiva no hay ideología porque la ideología deja de ser señalada como una fuerza irreal porque es real en sus efectos.
La ideología cautiva a los individuos a través de la utilidad que muestra; interpela a través del beneficio que ofrecen sus componentes. Esta utilidad es operable en función a la correspondencia entre el campo económico y el campo simbólico, los cuales hacen posible su existencia; no obstante, estos elementos se definen de manera individual, pero actúan en conjunto a la hora de la ejecución.
Por último, es importante examinar el aparato ideológico de la educación como el lugar donde se reproduce la ideología en los sujetos; aunque esto no significa que sea el único lugar que existe, se debe esclarecer el lugar que ocupa por su importancia. Con esto, para complejizar este propósito, es importante examinar el concepto de “habitus” como un elemento de refuerzo para entender la perpetuación de la ideología en los sujetos. Al igual que la ideología Althusseriana, el “habitus” permite la producción de prácticas donde convergen individuos y sujetos; ajusta el sistema social de percepción de la realidad, y es capaz de grabar, en los sujetos, un conjunto de postulados ideológicos a través del tiempo. La ideología concreta la articulación histórica particular y colectiva; los sujetos se ven reducidos de actuar de manera estructurada y simplificada en su mundo social.

S. Dalí: Niño geopolítico
Referencias Bibliográficas

  • Althusser, Louis. [1991] 2003. “Ideología y Aparatos Ideológicos del Estado”. En Slavoj Žižek (compilador.) En Ideología. Un mapa de la cuestión. Buenos Aires: FCE.
  • Bourdieu, Pierre. [1980] 2007. El Sentido Práctico. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.
  • Bourdieu, Pierre y Eagleton, Terry. [1991] 2003. “Doxa y Vida Cotidiana: Una Entrevista”. En Slavoj Žižek (compilador.) En Ideología. Un mapa de la cuestión. Buenos Aires: FCE.
  • Eagleton, Terry. 1997. Ideología. Una Introducción. Barcelona: Paidós.
  • Geertz, Clifford. [1992] 2003. “La Ideología como sistema cultural”. En La interpretación de las culturas. Barcelona: Gedisa.
  • Lefebvre, Henry. 1983. La Presencia y La Ausencia. Contribución a la Teoría de las Representaciones. México D.F: FCE.
  • Meynaud, Jean. 1964. Problemas Ideológicos del Siglo XX (El destino de las ideologías y Tecnocracia y política). Ediciones Ariel.
  • García Canclini, Néstor. [1995] 1997. Ideologia, cultura y poder. Universidad de Buenos Aires.
  • Žižek, Slavoj. [1991] 2012. El sublime objeto de la ideología. México D.F: Siglo XXI editores.
  • Žižek, Slavoj. [1999] 2009. El Acoso De Las Fantasías. México D.F: Siglo XXI editores.
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