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Carlos TrujiloPor: Marlon Caro Ojeda

Carlos Trujillo Ángeles (Lima, 1990) es estudiante de Administración de Empresas en la Universidad Continental de Ciencias e Ingeniería. Conversamos acerca de su libro primer libro, “La entidad oculta” (Bisagra, 2013), sobre la antología de cuentos en la que ha sido incluido (La soledad y sus misterios, en el que también participan Ulises Gutiérrez, Gabriel Rimachi, Sandro Bossio Suárez, entre otros) y también acerca de los nuevos grupos y movimientos que empiezan a remecer esta provincia.

Definitivamente, Huancayo es una fiesta.

Sanatorio: Nos comentabas que formas parte de un grupo literario, La clase muerta. ¿Quiénes integran este grupo?

CTA: Es un grupo bastante reducido, apenas tres gatos. Antes éramos cuatro. Lo que queda es la cultura, una tendencia radical, innovadora, poco vista: la literatura underground. Son chicos de aquí (Huancayo) y una chica de Lima. Fue a partir de unas reuniones en la librería Ibero. Dos de nuestros amigos trabajaban vendiendo libros. Yo era un cliente habitual. Vimos que teníamos muchos gustos en común, como las lecturas de Poe, Kafka, Dostoievski. A partir de ahí es que surge el grupo. Ellos tenían algo en particular. Uno de ellos es Kevin (Mendoza Villafuerte), que es metalero y a la par le gusta la literatura. Es algo que a veces parece contradictorio. Él combina esas dos pasiones y eso se ve en su literatura. Elabora temas de personas locas, radicales, que no pueden con sus demonios interiores o a quienes sus demonios dominan. Después, también está Roger (Taipe Rodríguez, Carlos Calle). Él también tiene algo propio: es sumamente sarcástico. Su autor favorito es Roberto Bolaño, porque fue el último salvaje, a quien no importaba lo que la gente pensara. No estudió nada, fue un bohemio y sólo se dedicaba a su arte, viviendo de trabajos ocasionales, yendo de un lugar a otro, era un aventurero total. Roger es su seguidor.

S.: Parece ser que hay todo un movimiento de jóvenes escritores en Huancayo, que no necesariamente obedecen a una sola temática, sino que son grupos diversos, de variada tendencia.

CTA.: Sí, yo diría que es producto, en los últimos diez años, de la aparición del Plan Lector. Yo me considero su producto. En el Colegio Ingeniería, donde estudié, había profesores que nos inculcaban la lectura. Después le agarré el gusto. Justo en el colegio me hicieron leer a Vargas Llosa y desde ahí me gustó. Tengo casi todos sus libros. Los que más me impactaron fueron La casa verde, Conversación en La Catedral, La ciudad y los perros, La fiesta del Chivo, y su El pez en el agua me parece una de sus obras mayores.

S.: Escuchándote hablar de Vargas Llosa, se me hace un poco extraño, porque él es considerado un neorrealista y tu libro (La entidad oculta) tiene más de fantástico. ¿A quién le debes este gusto por lo fantástico?

CTA: Se lo debo a Edgar Allan Poe, mi gran maestro. Claro que también hay otros, pero a él lo rescato, porque su vida fue azarosa, paupérrima y producto de esa vida compuso sus obras. También influyó en otros, como Arthur Conan Doyle, Robert Louis Stevenson y Oscar Wilde. Es el padre de la novela policial, de la novela psicológica y maestro de la literatura de terror. Hay otros que también me gustan, como Camus, Hesse y Kafka. La metamorfosis es muy buena.

S.: ¿Qué otra obra de Kafka te parece llamativa?

CTA.: Sus cuentos son muy buenos, también “Carta al padre”, que es una de mis favoritas. Se conoce más a Kafka como persona, por los problemas que tuvo con su padre, y porque a partir de eso reforzó su voluntad de escritor. Es algo que se ha visto en muchos artistas, como Vargas Llosa, Dostoievski y Beethoven…

S.: ¿Crees que el escritor es un ser herido?

CTA.: La verdad, sí. El amor por el arte viene de una insatisfacción por la vida común. El artista va a querer mejorarla, en el arte encuentra cómo. Incluso Cervantes, cuando estuvo en la cárcel, empezó a escribir El Quijote, como una forma de mantenerse cuerdo.

S.: La tendencia del cuento en el escritor huancaíno es acercarlo hacia el realismo. ¿Cómo así optas por el género fantástico?

CTA: Siempre me ha gustado el género fantástico, y si uno se da cuenta, el género fantástico no está del todo lejos de la realidad, sino que la manifiesta de una forma más simbólica. Abarca temas universales como las manías, los traumas, las pasiones y los demonios interiores.

S.: Hay un cuento tuyo, Minos, que me trae mucho a la memoria uno de Borges, por la reinvención del mito griego…

CTA.: Este cuento se me ocurrió a partir de una pesadilla. Soñé que estaba en casa, solo, y que había una presencia invisible que me acosaba. Entonces trato de averiguar qué es lo que era. Al final, me di cuenta de que ese terror sólo provenía de mí. Claro que también para ese cuento empleé la forma simbólica, el mito del Minotauro, un monstruo que está solo y al que las personas temen, aunque no conocen bien su naturaleza, quién sabe si ese monstruo puede sentir como ellos, pero al verse confundido, acosado, actúa con violencia. Pasa lo mismo con otros personajes de mis cuentos. Creo que es un constante en la humanidad. Las personas nacen confundidas y para darse a entender, actúan con violencia.

S.: A uno nunca le gusta asumirse como el monstruo…

CTA: Exactamente. Y bueno, en comparación con el cuento de Borges, La casa de Asterión, ahí al minotauro se lo ve como un intelectual, el propio reflejo de Borges. Creo que eso se ve mucho en sus personajes, casi todos son eruditos. En cambio, yo abordo la propia naturaleza de la criatura, su bestialidad.

S.: Acabas de ser incluido en una antología, La soledad y sus misterios, en el que también están escritores como Ulises Gutiérrez, Gabriel Rimachi y Sandro Bossio Suárez.

CTA.: Es un privilegio, además de un paso más en mi carrera literaria. Con esto quizá pueda considerarme ya un referente, no sólo acá, sino también en otras partes.

S.: Una antología siempre obedece a un criterio de selección, ¿cuál crees que ha sido este criterio?

CTA.: Como el mismo título sugiere, la soledad. Es una constante en la literatura universal, y no sólo en la literatura, sino también en el arte y en la vida. Todas las personas, por más que no lo quieran, en algún momento van a sentirse solas, y es algo que se debe aceptar. Cuando uno tiene una crisis los amigos realmente no están para ayudarte, uno mismo debe que solucionar su problema.

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