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Por: José Carlos Ortega (*) 

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Alumbramiento del Ganado[1].

El centro poblado de Huayllaspanca pertenece al distrito de Sapallanga, ubicado a 8 kilómetros al sur de la ciudad de Huancayo; al noreste de Huayllaspanca se ubica, a menos de un kilometro, el centro poblado de Huari – donde se ubica la pacarina Wariwillka[2].

A las cuatro de la mañana, en promedio, la comunidad se despierta por el golpe seco de la tinya y las agudísimas notas del violín. La cantora es el continente de la memoria colectiva y el violinista sigue el ritmo que ella determina a través de la tinya. Las mujeres llevan entre sus manos antorchas de paja con las cuales persiguen y dividen al ganado y a los hombres. Las vacas y ovejas huyen del fuego, pero las mujeres iluminan la noche y los ojos del ganado. Los hombres responden al ataque inicial y de esa manera las mujeres son las que huyen. Este juego se repite hasta que los primeros rayos del sol asoman en Huayllaspanca. Una de las mujeres me pide que vaya donde la casa vecina a solicitarle una caja de cerveza. Son las seis de la mañana y el frio agarrota mis manos; se forma un círculo a mi llegada y empezamos a beber cerveza. Eso fue el Luci luci (alumbra, alumbra).

El luci luci marca con fuego el inicio del Santiago; el ganado -en este primer encuentro con la fiesta- accede al significado del rito en la madrugada con la cantora, el violinista, los hombres y mujeres (Connerton 1989, 44). La colectividad inicia el camino del ganado hacia su transformación en un pariente de la familia, la cual lo está agasajando. Este primer rito (el luci luci) alumbra al ganado sobre su condición de peligro, está transitando por una primera dangerous zone (Grimes 2000, pp.6 -7); el ganado es un actor dentro de esta trama. No es un sujeto pasivo: la comunidad transforma al ganado y el ganado transforma a la comunidad (Geertz 2000, 76). No es parte de la cotidianeidad de las familias de Huayllaspanca (o del Valle del Mantaro) despertarse a las cuatro de la mañana desde finales de julio hasta inicios de setiembre con el fin de quemarse entre ellos con una antorcha de paja, tampoco el organizar una fiesta altamente costosa. La comunidad es de alguna manera la padmasana[3] y el ganado hace ejecutar una serie de coreografías que transforman a la comunidad en la corte del ganado.

El alumbramiento del ganado no es la afirmación categórica del inicio del rito de pasaje de éste. El ganado es la excusa. Grimes señala que los ritos de pasaje aparecen alrededor del mundo y conciernen tránsitos humanos como el nacer o morir (Grimes 2000, 8). El ganado no participa en un rito de pasaje; el rito de pasaje, en este caso, es una actividad comunal donde su inicio es determinado por la primera marcación o herranza simbolizada en el fuego. El fuego marca a la comunidad y ella está coreografiando su propia marcación. Al terminar del rito del Luci luci, en el circulo mientras beben cerveza, los ciudadanos de Huayllaspanca no han marcando al ganado con el fuego, ni con otro instrumento; ellos están marcándose a sí mismos simbolizándolo en el ganado. Han iniciado un rito de pasaje: al dividir al ganado ellos se han dividido entre grupos de hombres y mujeres. Se han perseguido y como resultado se han hecho daño. Ahora beben cerveza y se despiden… hasta dentro de unas horas donde se retoma el rito en la forma de una procesión.


[1] La siguiente descripción del ritual es la síntesis de los Santiagos en los cuales he participado en el transcurso de esa semana.

[2] “Los huancas creían que debían su origen a un hombre y a una mujer que salieron de una fuente llamada Huarivilca; encima de la cual construyeron un templo” (Arguedas 1953, 107)

[3] Asiento de loto o trono de dios (Geertz 2000, 183)

(*) Estudiante de antropología de la PUCP

El teatro del ganado:  Transformación y teatralidad en la Fiesta del Santiago (Parte I)

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