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Por: Marlon Caro Ojeda

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Hugo Velazco Flores ha logrado, en relativamente corto tiempo, afirmar una obra orgánica, en la que cada libro vale dentro de un todo en el que su último libro, El tiempo de los muertos (Nictálope, 2012), explora la naturaleza de esa yunta que es vida y muerte. Poco importa que este libro sea de cuentos y que los otros (Aya taki, 2008; La memoria del cuerpo, 2010; La tierra  ósea, 2011; Cartografía aplicada, 2012) sean poéticos, porque (como el mismo Hugo Velazco sugiere), hay cosas que no se eligen sino que se sienten y se aceptan.

Hugo es uno de los escritores jóvenes más importantes de nuestra región. Ha sido finalista en concursos importantes a nivel nacional y este año logró el primer lugar en Poesía del Premio FELIZH, en Huancayo.

Sanatorio: Con los antecedentes de Oquendo de Amat, Gamaliel Churata, Sócrates Zuzunaga, ¿crees que podríamos estar hablando de una nueva literatura andina?

Hugo Velazco Flores: Podría ser. Creo que en narrativa se está asumiendo más el canon capitalino y de afuera. Por ejemplo en Huancayo, la narrativa hasta los años ochenta ha sido propiamente neo-indigenista. Ahí está Eleodoro Vargas Vicuña, Félix Huamán Cabrera, cuya narrativa siempre ha tirado para ese lado, para el neo-indigenismo, el indígena en el nuevo contexto urbano. Pero después de eso, quien ha significado un distanciamiento con los postulados neo indigenistas ha sido Sandro Bossio Suárez. Con Sandro Bossio el lector va a tener una idea de otro Huancayo, de un Huancayo muchísimo más abierto y acaso exento de «identidad». Incluso en Prestadito nomás, de Julio César Alfaro Gilvonio, el lector puede percibir cierto aroma nativista, pese a que él ya conjuga elementos más urbanos. No obstante, Bossio configura una literatura más para el lector globalizado.

S.: Ricardo Gonzales Vigil sacó una antología del cuento peruano y en ella se incluyó a Sandro Bossio y Ulises Gutierrez. ¿Crees que es un signo de que la literatura en Huancayo se está consolidando?

HVF: Sí, definitivamente. La literatura de Huancayo se está haciendo cada vez más notoria. Yo pienso que esto es justo, muy justo, y que pudo surgir muchas décadas atrás, pero por la cuestión de la violencia todo esto se aplazó hasta hoy día, en que el escritor tiene toda la libertad de escribir sobre todos los temas que quiera. Nuestra literatura por fin se está liberando de viejas ataduras y se está insertando en el contexto literario mundial. Un claro ejemplo de ello es Isabel Córdova, que ha hecho un trabajo excelente en la compilación no sólo en narrativa sino también en poesía.

S.: Has publicado El tiempo de los muertos (Nictálope, 2012) un libro de cuentos en los que abordas temáticas muy variadas, como lo policial, lo fantástico y aún el terror asociado a la modernidad, pero hay un elemento que me ha llamado la atención y es la inclusión de la selva como escenario, y es algo que en muchos escritores andinos no se ha visto. ¿Esto es deliberado?

HVF: Mira, te confieso que yo no conozco la selva, nunca he ido a la selva, pero parte de la fabulación del escritor, de este arte de hacer ficciones es justamente crear mundos. Por ahí había un escritor, cuyo nombre no recuerdo, que nunca había estado en el mar, jamás se había subido a un barco, pero había escrito un libro de aventuras en el mar muy interesante. Es lo mismo en mi caso. Para mí la selva es el último reducto de la humanidad. Siempre he considerado a la ciudad, en oposición a la selva, como un espacio donde la vida se ha degradado, donde el hombre se deshumaniza. En cambio la selva es el lugar donde el hombre todavía puede ser humano. Hay un cuento mío donde el personaje encuentra a una tribu desconocida, que supuestamente es invisible ante los ojos de los demás, y no es que sean invisibles a nivel material, sino que ellos tienen la costumbre de vivir en las copas de los árboles y solamente moverse en las noches, durmiendo en el día. Es una metáfora en la que trato de comparar al hombre selvático, puro en oposición al hombre de la ciudad. Al final del cuento, el personaje principal dice, por cierto: “Yo ya no pertenezco a la ciudad” y decide abandonar la ciudad para marcharse hacia la selva.

S.: De hecho Hugo, tú manejas dos registros que en sus formas son muy complicados, la poesía y el cuento. ¿En cuál crees que te sientes más cómodo?

HVF: Para mí es difícil definir eso. Mira, esa misma pregunta me la hizo un poeta ayacuchano, y es difícil responderla porque el escritor, por lo menos en mi caso, no trato de establecer límites, para mí el arte literario vendría a ser una sola cosa. Hay temas en los que yo necesariamente tengo que darle la forma de poesía, no sé por qué. Es algo así como una necesidad de escribir en torno de eso. Y hay también otros temas que me atraen para darles la forma de narrativa, en cuentos. Últimamente, por ejemplo, estoy escribiendo un conjunto de poemas acerca de la piedra. No sé cómo haría para escribir un cuento sobre la piedra, al menos ahora. En cambio un poema sí, creo que podría ser más adecuado para el tipo de reflexiones que tengo al respecto. Creo que tiene mucho que ver con el escritor, con su estado de ánimo. Pero lo que me dijo un periodista en Ayacucho fue que tanto en el poema como en la narrativa, persiste este ámbito lírico, ese esfuerzo mío por metaforizar, esa naturaleza mía por hacer imágenes. Quien me lo dijo leyó uno de mis cuentos, «Un viaje de dos metros». Este periodista rescató mucho la parte de la imagen, la tormenta, el naufragio, y me dijo «Tú no puedes dejar de ser poeta ni en tus narraciones». Y a veces, cuando un narrador quiere escribir un poema, resulta demasiado prosaico. Finalmente, creo que esta cuestión de forma es discutible. Hace poco estaba leyendo unos poemas de Héctor Hernández Montecinos, y es prosaico, tiene cosas que le pertenecen a la narrativa, así como a otros géneros; es difícil establecer límites. Entre la poesía y el cuento, hay lugares en los que se cruzan, se pierden, se vuelven a cruzar…

S.: Hace unos meses estuviste en la Feria del Libro de Lima, junto a otros escritores de Junín, ¿qué nos puedes contar acerca de ello?

HVF: La acogida en Lima fue buena. La actividad se desarrolló muy bien. Me encontré con viejos amigos, amigos de distintas ciudades, de los viajes que he hecho. Ha sido un espacio muy acogedor. También estuve en el homenaje a Marcos Martos, un homenaje merecidísimo. Algunos dicen que no, pero un poeta no está hecho para ser del agrado de todo el mundo.

S.: Al parecer, el escritor Diego Trelles Paz sufrió una censura por parte de los organizadores. ¿Crees que hay una actitud muy impositiva de parte de la Cámara Peruana del Libro?

HVF.: Mira, la Feria es una obra particular, de la empresa privada. Pero uno asiste a la Feria teniendo en cuenta todo eso. Si hay un antecedente de este aliento político, fujimorista, que se acusó a Doris Moromisato y a quienes quisieron hacer el homenaje (a Martha Meier Miró Quesada), uno va a la Feria teniendo en cuenta todo esto. Para mí resulta muy infantil, aun a sabiendas de todo esto, protestar. Eso me llamó mucho la atención de Victor Luis de la Fuente cuando salió a decir “me censuraron.” Pero él sabía a dónde estaba yendo. En todo caso, hubiese limitado su participación y hubiese promovido, desde otros escenarios, una verdadera protesta. Igual con muchos otros escritores. Que haya tendencia o filiación política detrás de toda la Feria, claro que es cuestionable, pero en cuanto a participación, uno va, dice lo que piensa y se retira. Incluso lo comenté en el Facebook, a mí me parece muy infantil todo esto. Claro que se tiene que aclarar todo, porque en este país no puede estar sucediendo eso, pero se tiene que buscar el espacio para protestar y con la madurez del caso. Desde luego, esto no fue de la noche a la mañana, nadie llegó con una varita e hizo las cosas. Antes de la Feria ya había cosas así, críticas fuertes. Uno ya sabía qué era lo que podía esperar. También sabía lo que pasó, por ejemplo, con el blog Lee por gusto. Yo pienso que todo tiene su trasfondo político.

S.: ¿Qué nuevos proyectos literarios tienes?

HVF: Desde hace años yo tuve un proyecto, pero quiero hacerlo con calma y con paciencia. Quiero hacer una especie de trilogía de todo lo que es mi poética, mi estética, mi forma de ver el mundo. Va a ser quizá lo más extenso que he escrito. Uno de ellos va a titularse precisamente Estética, en el que pienso plantear, formular lo que significa para mí la estética en la poesía. Quizá este proyecto esté listo dentro de uno o dos años. En narrativa, tengo también un libro de cuentos breves en los que yo recuerdo mi infancia y mi niñez. Sin la intención de hacer literatura infantil, se me ha dado por recordar. Creo que en la infancia de muchas personas, y la mía, hemos compartido muchas cosas similares. ¿Quién no ha jugado trompo, bolitas? Acaso los de ahora, que están más metidos en la computadora. Así que como una manera de tributo a nuestra generación, estoy escribiendo este librito, que contiene unos diez cuentos. Eso sí quiero publicarlo este año.

S.: Algunas personas no saben que también estás metido en el mundo editorial (con Nictálope). ¿Crees que el objetivo de escribir sea publicar? Parece una pregunta muy tópica, pero hay quienes piensan que uno debe escribir sólo por el placer de hacerlo…

HVF.: Pienso que ahí entra mucho la ética del escritor: lo que debe o no hacer el escritor. He conocido muchos poetas buenos, pero que no publican su trabajo, así como también he conocido a malos poetas que publican más aún. Yo pienso algo concreto: el negocio editorial es precisamente eso, un negocio. Los editores ponen libros en el mercado, ese es su negocio. Si una editorial quiere tener éxito, tiene que ofrecer un producto masivamente y seguir la ley de la oferta y la demanda. ¿Y qué es lo que quiere la gente? Muchas veces el editor tiene que ajustarse al gusto del público. El editor no puede imponer sus gustos. Así que, siguiendo esa lógica, el editor va a esperar del escritor un texto que satisfaga la demanda. Eso conlleva a que el escritor escriba su obra siguiendo ciertos parámetros. Yo creo que ahí ya ha muerto el escritor. Ya no hay más el escritor-artista, el creador original, lo que hay ahora es un comerciante, y eso es lo que abunda hoy en día. Por ejemplo, en la Feria del Libro de Lima, no he visto cosas buenas. Lo peor de todo, pese a que yo edito libros y me estoy haciendo el harakiri (risas), es que éstos escritores comerciales son tomados como canon, como un referente de la literatura nacional. Ahí ha muerto todo el trabajo, ahí muere el escritor, la literatura, el arte literario. Como el caso de Pedro Suárez Vertiz. Él no ha escrito su libro. Le entregó una serie de hojas sueltas a su editor y éste le dio forma. ¿Qué puede pensar, entonces, el nuevo lector sobre la literatura? ¿Qué puede pensar sobre el escritor?

S.: Acaso que está más cerca de la estrella de cine que del intelectual…

HVF.: Van a pensar que escribir es cualquier cosa. Como el mismo Pedro Suárez Vértiz dice: «Escribir una columna en un diario es más difícil que escribir un libro». Por eso mismo, creo que gran parte de lo que se publica en nuestro país, está asesinando a la literatura. En lugar de ir de compras a la Feria del Libro de Lima, preferí ir a Amazonas, y aunque no compré libros de literatura, compré un libro de arqueología, que es una de mis pasiones. Algo semejante sucede con la Feria del Libro en Huancayo. Se convoca a los escritores más comerciales, porque saben que van a vender. Y la Feria es un negocio…

S.: Hugo, tus últimas palabras para nuestros lectores de Sanatorio…

HVF.: Bueno, yo he estado visitando la página, he leído los artículos, y me parece un trabajo muy interesante que sin querer caer en lo comercial, está difundiendo un trabajo realmente artístico, cultural, literario, está promoviendo la literatura local y nacional.

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