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Enrique Ortiz Palacios fuente página web instituto continental(Fotografía: Instituto Continental)

Por: Marlon Caro Ojeda

Aunque sus publicaciones anteriores son poéticas (Detrás del espejo, Constructor de sueños, Abandonada luna), el último libro de Enrique Ortiz Palacios, El ladrón de historias, nos trae once cuentos cuyo mérito está, más que en finales sorpresivos o tramas imbricadas,  en la uniformidad de la construcción y en la profundidad escondida detrás de la aparente sencillez de los temas. Mención especial merece, por ejemplo, el cuento Lejos del paraíso, donde el autor repasa, en pocos párrafos, el drama de una familia, usando como pretexto la atracción que siente el protagonista por la tetamenta de las mujeres que lo circundan. De semejante factura es el cuento El niño que perdió su estrella, en el que se explora ese “nido feliz de la infancia” (Lewis Carroll), y cuya frase final puede servir de resumen para todo el libro.

Ortiz Palacios es Magíster en Literatura Hispanoamericana por la Pontificia Universidad Católica del Perú y actualmente se dedica a la docencia en la Corporación Educativa Continental, de Huancayo.

Sanatorio: Luego de ver sus experiencias con la publicación, imagino que tiene una idea de la importancia del libro en cuanto objeto, el tema de la diagramación, la calidad del material…

Enrique Ortiz Palacios: Sí, eso es importantísimo, es vital, sobre todo en tiempos en que la gente vive la era digital. Con este libro he aprendido un poco más acerca de la diagramación, tipo de papel adecuado, tamaño de la letra, inscripción en la Biblioteca Nacional, que en realidad es un trámite muy sencillo, etc. A mi libro quisimos darle la estructura y el color típico de un árbol pensando en el criterio ecológico de que un libro es un árbol revivido.

S: Eso hace pensar en la importancia de un buen editor, quizá entrar en otro terreno de la afición a la profesionalización del editor.

EOP: Alguna vez conversando con el editor de Acerva, decía que él publica libros porque además del texto consideraba al libro en su aspecto formal como un todo artístico quiere hacerlo. Algo que se pueda oler, tocar con placer. En suma; el libro como fetiche.

S: Se acusó a los escritores del boom de abusar del marketing y de ser más un fenómeno promocional. Julio Cortázar incluso menciona que si bien el libro puede estar acompañado de una promoción editorial, pero si no vale como contenido, va a ser fácilmente relegado. ¿Qué piensa usted de esas palabras?

EOP: Para empezar, que yo recuerde, no hay ningún crítico que pueda decir que un libro se va a mantener en el tiempo. Estoy recordando por ejemplo a Clemente Palma, que menosprecia es estilo de César Vallejo. Clemente Palma era en ese tiempo un crítico muy importante, estaba en todas las vitrinas, y lo que él dijo no fue cierto, el tiempo se encargó de desmentirlo. Finalmente,  fue el lector quien decidió la trascendencia de sus libros. Por otro lado, he notado que muchos escritores jóvenes huancaínos publican y lo guardan debajo de su colchón, en el lugar más secreto de su casa. No debería ser así. Si uno publica un libro, éste tiene que ser difundido. Y si esa persona que ha publicado considera que su texto es válido, debería mostrarlo, ya el lector se encargará de decidir si es bueno o no. Con respecto a publicidad y ventas, eso es relativo. Date cuenta lo que está pasando por ejemplo con el fenómeno de Dan Brown, quien tiene ventas millonarias, pero es un texto que es un refrito, mal trabajado. Como dice Umberto Eco:“Dan Brown es un personaje salido de mis obras.” (Risas). No tiene calidad, pero no sabemos cómo lo va a recepcionar la gente en el futuro. Podría ser que se convierta en un “clásico”, o simplemente pase al olvido.

Enrique Ortiz

S.: Parece ser que el tiempo es el mejor juez…

EOP: Sí. En USA se habla bastante del fenómeno del best-seller (superventas), y que yo sepa el noventa por ciento de esos best-seller después de cinco o seis años quedan en el completo olvido. Existen libros escritos en una época y que, pasados cincuenta, sesenta o setenta años, cobran vigencia, por ejemplo el poemario de Carlos Oquendo de Amat, Cinco metros de poesía, publicado allá por los años veinte. ¿Y cuándo empieza a tener resonancia? Si no me equivoco, cuando Mario Vargas Llosa hace un comentario sobre ese texto y empieza toda una movida en su búsqueda. Otro caso es Arguedas. Un escritor que desarrolló su producción intelectual en la época del boom, pero no se le consideró significativo ¿por qué? Solo el tiempo le devolvió su verdadera valía literaria y cada año aparecen nuevas publicaciones que pretenden desentrañar sus escritos.

S.: A propósito, cierto crítico (Dante Castro Arrasco) mencionaba que La utopía arcaica era una lápida muy bonita que Vargas Llosa le dedicaba a José María Arguedas, reconociéndole méritos y adulando su sensibilidad, pero descalificando su vigencia y dándolo por muerto…

EOP: Y parece que después lo reivindica, porque cuando Vargas Llosa gana el Premio Nobel, ¿a quién menciona como referente de escritor que significó una influencia? A José María Arguedas. Y lo menciona cuando millones de personas lo estaban escuchando. La utopía arcaica no es un libro que diga tonterías o que distorsione los planteamientos de Arguedas. Es un punto de vista y hay que respetarlo. A mí me llama la atención el análisis tan concienzudo que hace Mario Vargas, al considerar los años de vida de José María que vivió en una democracia y cuántos en dictaduras, y se concluye que su vida trascurrió mayoritariamente en gobiernos dictatoriales, y eso puede marcar a un escritor con una tremenda sensibilidad. Era una época más convulsionada, y Vargas Llosa menciona que la literatura de entonces  asumía ser una literatura más social, que debía reivindicar y tener una orientación, de lo contrario no valía. Sucede que Arguedas se siente presionado. Por eso la crítica tremenda en La Mesa Redonda (evento realizado en Arequipa), en la que Arguedas arrinconando por los estudiosos de su libro Todas las sangres termina diciendo: “Parece que he vivido en vano”. Debemos recordar también que la literatura de Arguedas intenta mostrar a ese nuevo personaje peruano que aparece en la vida nacional: el mestizo. Arguedas vivió en una época en la que o eras indio o eras blanquiñoso. El mestizo era un personaje emergente, que todavía no tenía historia, no sobresalía. En ese mundo vive Arguedas. A mí me parece que una continuidad literaria de Arguedas es el maestro Edgardo Rivera Martínez. El fusiona el mundo andino con el mundo occidental. En País de Jauja, por ejemplo, Un niño: Claudio Ayala, tiene preferencias artísticas que van más allá de lo local. No se hace problemas tocar en su piano huaynos y música clásica…

S.:Es una postura más armónica el mestizaje de Rivera Martínez, una forma que no evita el conflicto, pero lo configura de una forma muy particular…

EOP: En realidad nos hace notar que ese conflicto no aporta. Podríamos mencionar un detalle: hay un cuento de Julio Ramón Ribeyro llamado Alienación, en el que se plantea una sociedad completamente escindida. La continuidad de este cuento, la conciliación,  la vamos a encontrar en un cuento de Edgardo Rivera Martínez, en el que una niña blanquiñosa conoce a un muchacho ayacuchano, y esta niña no prefiere a sus pares limeños y se siente de alguna manera atraída a este niño ayacuchano, y no tiene prejuicios raciales. Lamentablemente, este niño muere.

S.: Se refiere al cuento Atenea en los Barrios Altos.

EOP: Exactamente. Yo veo una continuidad entre ambos cuentos, y eso es lo que necesitamos, una literatura que nos concilie, una literatura que no sea partidaria, politizada, donde el obrero es el bueno y el capitalista es el malo. Esa no me parece una buena forma de hacer literatura.

S.: ¿Crees que hay una tendencia a la universalización del joven escritor huancaíno?

enriqueEOP.: Sí, por supuesto. Yo recuerdo que cuando estudiaba en la Católica y mis compañeros se enteraron que yo era estudiante provinciano, cada vez que tocaban temas de Indigenismo, volteaban a mirarme. (Risas). Presumían que siendo del mundo andino huancaíno tenía más referentes y más contactos con el indio. Yo los miraba y les decía: “ ¿pero qué indio? Yo he estado en muchas comunidades de Huancayo y he preguntado por el indio y me han dicho no sé, búscalo más arriba. Fui más arriba y he buscado al indio y me han dicho vete abajo, a la costa”. Creo que ya no existe ese personaje, y habría que preguntarse si alguna vez existió. Yo creo que la apertura del internet, esta misma Feria del Libro (Zona Huancayo), ha despertado, ha dado un sacudón a los escritores del ámbito huancaíno para que sus textos se difundan más allá de nuestras fronteras locales. Podríamos mencionar el referente que tenemos en Huancayo: Sandro Bossio. En él no encontramos necesariamente un planteamiento regional, localista. Le criticaron no haber descrito, en su libro El llanto en las tinieblas, aspectos del ámbito huancaíno. ¿Para qué? ¿Por qué? Si él se siente cómodo escribiendo sobre una historia del siglo XVII, una historia muy bien escrita, muy bien documentada, ¿por qué no? Otra temática poco explorada es la ciencia ficción o el cuento para niños, en fin.

S.: Uno de los pocos intentos que se tienen es el del profesor Alberto Chavarría, con un cuento sobre sucesos OVNI en el Huaytapallana, que empieza como una obra de ciencia ficción pero termina como algo más político.

EOP.: Te diré que ese es el cuento que más me atrapó de esa colección, La guerra de la Cruz del Sur. Coloca nombres de personas que conocemos y ello hace más divertido el relato. Un cuento muy bien trabajado, pero es una lástima que con los demás se rompa esa temática.

 “El cliché de que los hombres no lloran nos ha creado más conflictos que cualquier otra frase.”

S.: Su trabajo anterior ha sido poético. ¿Cómo así da ese tránsito hacia la narrativa, al cuento?

EOP.: Yo creo que no ha habido tránsito, porque yo he trabajado ambos géneros simultáneamente. Lo que pasa es que yo puedo publicar veinte o treinta poema, pero no puedo publicar un cuento o dos. Tengo que escribir veinte o treinta y quedarme con los diez u once que pueden ser publicados.

Ha sido un trabajo paralelo, aunque te diré que casi ya no escribo poemas. En mi tercer libro Abandonada Luna, el último poema dice así: “Se acabó, se fue” Espero que no sea para siempre.

S.: Dentro de este libro (El ladrón de historias), hay un cuento titulado Lejos del paraíso, en la cual el protagonista tiene una afición por los pechos femeninos. Este parecería el centro de la narración, pero casi al final da cuenta de la serie de conflictos que envolvían a la familia. Yo creo, personalmente, que esta fijación no es sino una máscara para encubrir los problemas que tiene este adolescente. ¿Es correcta esta apreciación?

EOP.: Mi relación laboral con adolescentes  me ha demostrado que las fijaciones sexuales, la rebeldía que linda con lo delincuencial, las escapadas del colegio para darse tremendas borracheras, bajas notas, bullying entre otros, en realidad son la manifestación de conflictos familiares, abandono físico o moral por parte de los padres. Es el grito silencioso de los muchachos. Y ese cuento tiene que ver con ello.

S.: Hay otro cuento, El niño que perdió su estrella, cuya frase final, si me permite la licencia, podría servir para coronar a todo el libro. Dice: “José Ignacio se paró bruscamente y en un instante vio cómo gruesas lágrimas le caían…”

EOP.: Existe un conflicto en nosotros los varones de no manifestar nuestros estados emocionales, que tiene que ver con que nos han dicho que “los hombres no lloran”.  Pero esa expresión nos ha creado más problemas que ninguna otra frase. Se asume que somos personas que no debemos manifestar nuestros sentimientos. No llorar, no abrazar al hijo, no decirle a la esposa “te amo”. Y sí somos expresivos cuando estamos con unas cuantas copas de más (Risas). Ahí aflora todo lo que estaba escondido, y eso no debería ser así. En este cuento hago mención de que ese endurecimiento de corazón, convierte a los personajes en seres tristes. Y lo que queremos es un mundo de seres más felices…

S.: ¿Quiénes cree que son sus referentes literarios?

EOP.: Un amigo poeta, Carlos Mendoza, me hizo esa misma pregunta, y le dije que era Juan Rulfo y él replicó que no encontraba referencias de Juan Rulfo en mis libros. Pero yo insisto. Y también creo en la  influencia de Edgardo Rivera Martínez. En general han influido en mí todos los libros que me han apasionado. Me he dedicado mucho tiempo a leer, no solamente a los buenos, sino también a aquellos que se considera malos para ver en qué están fallando y tratar de no cometer esos errores.

S.: Creo que algo semejante menciona Vargas Llosa en sus Cartas a un joven novelista, leer a aquellos quienes, por defectos, no logran llegar a hacer un buen texto.

EOP.: Sí. Ya te comenté sobre este señor Dan Brown. Me he detenido a leer sus obras y me pregunto, si es que son tan malas, ¿por qué tanta gente lo lee? Tal vez los escritores nos empeñamos tanto en la técnica, que a la larga, en lugar de hacer más fluida la lectura, la hacemos más compleja y el lector huye de esto. Tampoco vamos a hacer una literatura que sea como una hamburguesa: alta en carbohidratos y pocos nutrientes. Hay que encontrar el equilibrio para que lector no sienta que le están tomando el pelo.

S.: Sus últimas palabras para nuestros lectores de Sanatorio.

EOP.: Les invito a leer mi libro: El ladrón de historias. Ojalá que se sientan identificados con alguna de ellas. Quizá encuentren errores, ahí tienen la página, el blog para que puedan comentar y así encontremos una relación entre autor y lector. Los escritores, de alguna forma, queremos perennizarnos, inmortalizarnos en nuestras obras.

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